Iconografía del eídōlon

Iconografía del eídōlon

Eídōlon designaba entre los griegos al fantasma, a la sombra, al «doble» del hombre, aunque en sentido extenso servía para denominar cualquier imagen, tanto la reflejada en un espejo como la imagen mental o la aparición onírica o fantasmal. En los poemas homéricos se usa en varias ocasiones de modo específico y estereotipado para designar a los muertos del inframundo (eídōla kamóntōn, «imágenes de los muertos»). También se empleaba para denominar al cadáver e incluso a los simulacros aproximados de la forma de una persona como por ejemplo su imagen en cera. Tras el término eídōlon los griegos incluían diversos tipos de imágenes que recordaban, que daban una idea, del cuerpo de una persona259. Se trata de un concepto que en principio parece inseparable de una plasmación que requiere su materialización en una imagen (mental o física -pictórica-). La escenificación del eídōlon cae de lleno en la categoría de las representaciones de lo imaginario, del mundo intangible o sagrado, por tanto presenta un gran interés, ya que el arte juega en este caso el papel de cauce para la plasmación de creencias profundas: una vez que se crea una imagen física para una figura imaginaria dicha imagen se convierte en ejemplar, en la norma para la interpretación mental de esa creencia (ratificada en cada funeral que presiden este tipo de imágenes). La imagen mental del alma, antes de que se la dotase de plasmación pictórica clara, debió de ser comprendida de diverso modo por los especialistas en la esfera de la muerte que existieron entre los griegos. Tantos genios voladores arcaicos cuya significación ronda los límites del mundo de la muerte, como son las sirenas, las esfinges260, o las kêres261, provienen de las diversas imágenes mentales del mundo suprasensible que confeccionaron los encargados de realizar el lamento fúnebre. En muchos casos se refieren a una «realidad imaginaria» que cuando se dota de una expresión iconográfica utiliza modos de representación muy semejantes. La imagen del principio transcorporal que denominamos eídōlon tuvo que buscar en la naturaleza un modelo que sirviese para darle plasmación. Los animales alados resultan los más apropiados, ya que alma y aire se hermanaban en las creencias griegas desde una época tan remota que enraíza muy probablemente con el acervo indoeuropeo, como ha sistematizado Lincoln262. Ya en época micénica, según la interpretación de E. Vermeule, se empleaba la representación del alma en forma de personaje alado como aparece por ejemplo en un larnax de Tanagra263. Otras visualizaciones del alma surgen más adelante en el arte griego y llevan la teriomorfización a un grado mayor, determinando una semejanza completa con un pájaro, salvo en el hecho de que en algunos casos la cabeza sigue siendo humana. Se ha defendido la existencia de una relación entre estas almas pájaro y el alma ba egipcia, que se representaba como un pájaro de cabeza humana. La complejidad de los principios transcorpóreos entre los egipcios es grande y existen diversas representaciones, no solamente los más conocidos ba y ka264, cumpliendo cada cual un cometido específico en el ritual funerario y en el imaginario del más allá. Entre los griegos nada de eso existe, por lo que resulta aventurado apoyar un préstamo de un solo tipo de alma (el ba), mientras que no se asimilaba el resto. En realidad pudo perfectamente llegarse a una imagen del alma como pájaro por desarrollo interno griego originado en una especulación muy antigua (común a diversos pueblos indoeuropeos) sobre el alma aérea sin la necesidad del préstamo egipcio265. En la época arcaica existe una gran libertad en el tratamiento del pájaro de cabeza humana: en la mayoría de los casos se trata de figuras míticas (como sirenas o harpías266) envueltas en episodios famosos por su plasmación literaria, como la proeza de Ulises en la Odisea267. Pero, sin duda, en algunos casos pudo tratarse también de imágenes de difuntos, como defendió uno de los mayores conocedores de esta documentación, G. Weicker268, a pesar de las críticas de otros investigadores encabezadas por Nilsson269. En la estela funeraria de Apolonia270 se figuran al lado de la difunta dos sirenas haciendo el lamento fúnebre; no aparecen en el papel de monstruos raptores, sino que asisten pasivamente al embarque hacia el más allá de la muerta, a la que ayuda Hermes. No podemos estar seguros de que sean difuntos, ya que hay un pequeño eídōlon en la escena inferior de la composición; pero en el barroquismo conceptual de la representación cumplen un papel parecido al de los eídōla que revolotean en escenas de próthesis o de embarque hacia el inframundo. Una imagen interesante aparece en un ánfora de figuras negras de Nueva York271 en la que Eos transporta el cadáver de Memnón, sobre cuya cabeza revolotea un pájaro (sin rasgos antropomorfos): se trata sin duda del alma del guerrero teriomorfizada para incidir en mayor medida en el carácter aéreo de la escena (Eos también porta alas). Otro tanto ocurre en un escifo de Nápoles272 en el que se enfrentan Aquiles y Memnón, sobre los que revolotea un pájaro que no puede representar otra cosa que el alma del guerrero que va a ser vencido (ilustración 3.11). En una serie de copas laconias273 se desarrolla un motivo en cuya interpretación nos detendremos en el capítulo siguiente; el mejor ejemplo lo ofrece una copa de París274 en la que se figuran unos simposiastas sobre los que revolotean dos sirenas y dos jóvenes alados portando cada uno de ellos una corona y un motivo vegetal (ilustración 4.2). Se pensó que los jóvenes voladores eran érōtes, lo que vendría a simbolizar el derrotero de la fiesta representada (aunque en la escena no aparecen ni mujeres ni jóvenes sino exclusivamente hombres en plena madurez). El análisis del vaso como un todo parece sugerir otra interpretación. En el resto de las superficies pintadas del vaso aparecen pájaros y esfinges; en la escena principal las sirenas y los jóvenes alados están cumpliendo una función semejante; hay un simbolismo aéreo que permite plantear que se trata de almas de muertos en dos modos de representarlos, como pájaros de cabeza humana y como eídōla alados. Ilustración 3.11: El alma del vencido en forma de pájaro revolotea sobre la escena de combate (Nápoles, Museo Nacional SA 120). [Pág. 75] Las representaciones clásicas del eídōlon muestran dos tipos bien diferenciados; en un caso, la imagen es muy parecida a la de la persona en vida; en el otro, más de acuerdo con la tradición pictórica desde la época micénica, el eídōlon aparece alado y con un mayor grado de esquematización. Los eídōla del primer tipo, los más parecidos al difunto, aparecen por ejemplo en escenas en las que la muerte acaba de producirse. Hay una serie de vasos en los que un eídōlon, portando armamento hoplita completo, sobrevuela un combatiente o se sitúa sobre un difunto a veces desprovisto de armas, cadáver heroico rescatado275 al que transportan dos guerreros276 o los míticos Hypnos y Thanatos277; cumple una función precisa: marcar quién es el muerto o ayudar a especificar el estatus del mismo. En un vaso de Boston278 (ilustración 3.12) el guerrero sobresale de su tumba, como si de un motivo escultórico se tratase, pero no hay que engañarse, es la imagen del muerto que parece negarse todavía a perder los atributos de su estatus (que marcan los objetos dibujados en su monumento funerario -discos y halteras- que lo muestran como atleta) y perderse en la turba de los difuntos indiferenciados que pueblan el inframundo. Otro tanto ocurre con el eídōlon de una difunta: figurado sentado en una silla sobre la estela sepulcral en un lécito de Boston279 (ilustración 3.13), ante el que una mujer joven levanta un lécito (como en ofrenda); los rasgos de la muerta se reconocen con facilidad, viste incluso el traje habitual, como si de una escena de la vida cotidiana se tratase. Su alma está siendo mostrada, como en vida, en su estatus de matrona, pero disminuida. La misma interpretación sirve para otros dos lécitos, uno fragmentario de Berlín280 (ilustración 3.14) en el que se figura, en la parte superior de la estela funeraria y delante de la palmeta, a Hypnos y Thanatos con una difunta en brazos, y otro de Nueva Orleans281 en el que corona la estela la imagen de un bebé desnudo (ilustración 3.15). Ambas imágenes, en vez de representar improbables (ni tan siquiera imaginarios) grupos escultóricos, conviene mejor entenderlas como representaciones de los difuntos (convertidos en eídōla). Otros ejemplos complican este análisis iconográfico; en un lécito de Atenas282, encima de una ancha estela aparecen representados en pequeño tamaño una mujer sentada y un joven (quizás un niño) tumbado en el suelo; el que se trate de un grupo escultórico resulta difícil de aceptar, ya que los ejemplos indudables de estelas icónicas representadas en lécitos muestran relieves (no esculturas exentas) como ejemplifican sendos vasos de París283 (ilustración 3.16) y de Berlín284 (ilustración 3.17). Una solución de compromiso, que quizás resulte la más aceptable, consistiría en plantear que, en algunos casos, los pintores se permiten jugar con esa ambigüedad que define a su arte irreal, dibujando unas figuras escultóricas que nunca debieron existir en la realidad, pero que en el mundo imaginario podían satisfacer el deseo de un monumento en el que se pudiese representar al difunto de tal modo que resultase indistinguible de una imaginaria aparición en forma de eídōlon. En muchos de los vasos que comentamos el único rasgo que permite identificar estas representaciones como eídōla es su pequeño tamaño y su posición respecto del resto de la escena, ya que si portasen alas, como efectivamente ocurre en algunos casos285, la identificación no presentaría dudas y no cabría la confusión con grupos escultóricos. Ilustración 3.12: El eídōlon emerge de la tumba (Boston, Museum of Fine Arts 13.169). [Pág. 77] Ilustración 3.13: eídōlon de una mujer sobre su monumento funerario (Boston, Museum of Fine Arts 10.220). [Pág. 77] Ilustración 3.14: eídōlon de la difunta sobre su monumento funerario (Berlín, Antikenmuseum VI3325). [Pág. 77] Ilustración 3.15: eídōlon de un niño difunto sobre su monumento funerario (Nueva Orleans, colección privada). Ilustración 3.16: Estela con representación figurada de una mujer sentada (París, Louvre MNB 3059). La representación del eídōlon más afín a la tradición literaria aparece en las escenas de psicostasia o kerostasia. La iconografía presenta de forma coetánea al personaje en su envoltura personal plena (su imagen como vivo) y su alma (denominada kěr en lenguaje homérico o psychě), que un dios pesa en una balanza. A la par que los hombres se enfrentan en el combate a muerte, en el mundo suprasensible se fragua el destino del vencedor y el vencido personificados en eídōla situados en los platillos de cada balanza. En un lécito de figuras negras de Londres286 se figura a Hermes pesando el destino de dos guerreros, Memnón y Aquiles, enfrentados y representados como trasuntos alados (ilustración 3.18); el dios lanza la mirada hacia el que va a morir. Los personajes en la balanza aparecen alados y desnudos en algunos casos287, mientras que en otros288 aparecen armados como hoplitas, como por ejemplo en una crátera de volutas cuyos fragmentos se reparten entre París y Bonn289 en la que Hermes realiza una kerostasia, figurándose a su izquierda a Zeus y a su derecha a Tetis (ilustración 3.19). El análisis de estas escenas, muy semejantes entre sí, permite concluir que no parecen existir reglas que determinen un tipo u otro de representación. Ilustración 3.17: Estela con representación figurada de una mujer sentada (Berlín, Antikenmuseum VI3324). [Pág. 79] Ilustración 3.18: Hermes realizando una psicostasia (Londres, British Museum B639, detalle). El interés de las escenas de kerostasia es que no representan exactamente la imagen del muerto, puesto que en el enfrentamiento solamente uno de ellos perecerá en el combate (y por tanto es el difunto en potencia) y el otro seguirá viviendo. Parece, pues, que se figura un principio supracorpóreo que coexiste con la representación plena (real) del hombre. Se muestran diversos modos coetáneos de representar al ser humano dependiendo del plano en el que éste se sitúe; en el plano real o común se figura la imagen plena, y en el plano divino, una imagen esquemática que simboliza la psychě290. Pero la resolución que emplean los pintores para figurar estas almas es idéntica a la que sirve para el eídōlon del muerto, ya que en esencia resultan similares. Ilustración 3.19: Hermes realizando una psicostasia (París, Cabinet des Médailles 385, y Bonn, Akademisches Kunstmuseum 143b). Una representación anómala del eídōlon del muerto aparece en la estela de Apolonia ya comentada291. En la parte inferior, que corresponde al registro plenamente inframundano, se representa una pequeña figura sin alas ni otras características que la diferencien y que aparece sentada en una silla al lado de un juez infernal. No parece tener la menor relación con los muertos a los que embarca Caronte; es la única estela que presenta una iconografía funeraria tan abigarrada y quizás se deba a influencias del imaginario funerario indígena. Este tipo de eídōlon indeterminado, sin relación con ningún difunto y figurado sin alas aparece también en un anómalo lécito de Atenas292. La escena la forman Hécate y unas erinias figuradas como mujeres. Del cuerpo de uno de los personajes (una erinia o quizás Hécate), como si de una metamorfosis en pleno proceso se tratara, parece surgir un perro con doble parte delantera; la cabeza canina situada en la parte superior lleva entre las fauces un eídōlon. Eídōla con una forma parecida, con rasgos humanos y una figura casi plena encontramos la enigmática eschára de Francfort293, en la que aparece Caronte embarcado rodeado de una docena de almas voladoras. Los eídōla aparecen figurados como jóvenes efebos, en algunos casos con la musculatura representada; el tamaño de alguno de ellos es claramente inferior al del barquero, pero en otros casos se aproxima bastante al de éste; poseen como rasgo característico la total desnudez y las grandes alas que les surgen de la espalda (ilustración 3.20). Otro eídōlon muy parecido aparece en un fragmento de phormískos de Tubinga294; los investigadores lo confundieron con una sirena (y la escena se interpretaba como del ciclo odiseico) hasta que H. Mommsen acertó en la interpretación correcta295. En un vaso de Baltimore296 (ilustración 3.21) un eídōlon femenino se dibuja en forma no esquemática (se distinguen incluso el abombamiento de los senos), desnudo y con unas alas de puntas redondeadas. Una figura de este tipo resulta bastante difícil de distinguir de la de Eros, lo que ha llevado a confusiones. Más problemática ha resultado la interpretación del personaje en figura perfectamente distinguible que aparece en un vaso de Boston297; de un tamaño mayor del habitual de los eídōla, sería fácil aceptar que se trata de un Eros si no fuera porque la escena se desarrolla delante de una tumba y parece más acertado mantener el campo significativo funerario para todos los personajes presentes en el vaso. La representación alada del eídōlon se esquematiza cada vez más en los lécitos de fondo blanco. En el célebre lécito de Jena298 (ilustración 2.8) alguno de los eídōla aún mantiene una mayor consistencia; en otros vasos del mismo taller, como en los de Oxford299 (ilustración 2.12) y Karlsruhe300, la representación es similar. Pero otros pintores esquematizan en mayor medida el eídōlon, como por ejemplo en los lécitos de París301, Berlín302 o Atenas303 (ilustración 3.22), en los que la figura queda reducida a líneas sin ningún cuerpo, trasuntos esquematizados y alados del difunto, más cerca de la forma de insecto304 que de la de pájaro que predominó en época arcaica. Ilustración 3.20: Caronte y eídōla (Francfort, Liebighaus 560). [Pág. 82] Ilustración 3.21: Eídōlon y culto a la tumba (Baltimore, Museo [Robinson Collection]) [Pág. 83] . Ilustración 3.22: Eídōla en diversas posiciones. [Pág. 83] Ilustración 3.23: Eídōlon oferente (Atenas, Museo Nacional 1758). Estos eídōla esquemáticos surgen invadiendo todo tipo de escenas e incluso llevan objetos de culto funerario, quemaperfumes o cintas, como si de acólitos en la visita a la tumba se tratara. Así aparecen, por ejemplo, en un lécito de Boston305 (ilustración 3.23), aunque la actitud más habitual es la de volar con los brazos adelantados o la de realizar un gesto de lamentación fúnebre (colocando una mano delante de la cara).